La concordia según Adolfo Suárez Illana

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Por Miguel Díaz Román

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Nombrado presidente del gobierno en 1976 por el rey Juan Carlos, Adolfo Suárez González le tocó dirigir la transición política de España de un régimen dictatorial establecido por el fallecido Francisco Franco hacia una España democrática a través de una monarquía parlamentaria. 

Durante aquel proceso e instalado en el palacio de La Moncloa, la casa del Ejecutivo español, Suárez González tenía en agenda una cita con el secretario general del Partido Comunista de España,  Santiago Carrillo, a quien no pudo atender en la hora pautada. 

El presidente le encomendó a uno de sus colaboradores, un miembro del ejército de apellido Arellano, que atendiera a Santiago Carrillo durante la espera y que ejerciera sus mejores labores para que el aguerrido dirigente político de la ultraizquierda española se sintiera a gusto y no pasara por su mente la sospecha de la descortesía. 

Pasadas dos horas, el militar cumplió su encomienda y finalmente el cónclave entre Suárez González y Santiago Carrillo se realizó. 

Más adelante al caer el día, el militar se acercó al presidente para comentar sobre su interludio con Santiago Carrillo, al que tildó de «traidor». Luego, desenfundó una pequeña cartera de la que extrajo una foto y se la mostró al presidente. La foto recogía la imagen del rostro de un hombre muerto, al que un  hilo de sangre le corría desde un ojo hasta las mejillas.

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«Este es mi padre muerto en un fusilamiento ordenado por Santiago Carrillo», dijo el militar. 

La insólita anécdota la contó un emotivo Adolfo Suárez Illana, hijo del fallecido ex presidente Adolfo Suárez González, como parte de su conferencia magistral «Concordia, Transición y Constitución», que impartió el pasado miércoles en el teatro de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana en Hato Rey.

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El tono grave del discurso de Suárez Illana se fracturó por la nota incontenible de la emoción que el político experimentó al recordar aquella anécdota que presenció durante su estancia en La Moncloa junto a su padre. 

Sin duda, la anécdota demuestra los grandes desafíos que enfrentó y enfrenta la sociedad española en su intento de construir la concordia, que es ámbito donde se armonizan voluntades en la consecución de objetivos comunes sin renunciar  a las grandes diferencias que pugnan en esa sociedad. 

Entre esas grandes diferencias hay que reconocer el fuerte latir que encarna el dolor, el odio y los resentimientos causados por las múltiples tragedias que vivieron los integrantes de los bandos enfrentados tales como la muerte de familiares y el éxodo a otras tierras como medida de salvación. 

A casi 50 años de la firma de la Constitución Española en 1978,  Suárez Illana arribó a Puerto Rico para disertar sobre el acierto que significó y significa levantar y mantener la atmósfera de concordia durante el proceso de transformación política ocurrido en ese país en la década de 1970, luego de la férrea dictadura de Franco, la cual fue antecedida por una sangrienta guerra civil.  

Hoy día se mantiene  vivo el germen de la polarización en España y no es por otra razón que Suárez Illana ha publicado  su libro “La concordia es posible” , en el que narra el álgido proceso de transformación política que experimentó ese sociedad  bajo el tutelaje de aquella generación de políticos históricos entre los que figura con gran prominencia su padre. 

De hecho, a través del libro Suárez Illana pretende recordar a sus compatriotas que aún hoy es posible emular el espíritu de concordia que posibilitó la transición política y romper «con la lógica de las dos Españas”.

Suárez Illeana recordó durante su discurso que en la lápida de la tumba de su padre permanece inscrito  el epitafio “la concordia fue posible”, una frase que reclama de sus lectores la posibilidad siempre presente de revivir los elementos de aquel proceso  que en última instancia reconoció que las diferencias «legítimas de tu adversario no lo convierten en tu enemigo».

El político, que alguna vez en su juventud intentó irrumpir en el mundo de los toros, hizo énfasis en que la sociedad española tiene la obligación de reafirmarse en su compromiso con el proyecto de la “libertad compartida” que trajo consigo el ámbito de concordia que el compromiso moral de aquellos políticos logró levantar en una España convulsa y atrasada. 

En síntesis, la “libertad compartida” significa que  cuando reconoces el espacio de libertad del otro te estás garantizando tu propio espacio de libertad.

Suárez Illana sostiene en su libro que “la concordia no es olvido, ni equidistancia, ni renuncia a la verdad”, sino que equivale a “una decisión moral y política”, la de “no convertir el dolor heredado en una nueva cadena de odio”. 

No obstante, Suárez Illana considera que la ley vigente en España de Memoria Democrática contradice el objetivo social y político de la concordia, porque promueve el enfrentamiento y la agitación con los fantasmas del pasado. Esta ley pretende reconocer derechos a los que padecieron violencia durante la guerra civil y la dictadura franquista.

También destacó que la ley de anmistía que se aprobó España durante la transición fue un pilar poderoso para posibilitar la concordia. Tan importante fue el estatuto que Suárez Illana lo equipara con la Constitución de 1978.

Ante una audiencia integrada por juristas puertorriqueños, empresarios, público en general y una concurrida presencia de la élite política, Suárez Illana sostuvo que la palabra concordia significa que tus adversarios no son tus enemigos, que debe existir un compromiso por el equilibrio de las fuerzas políticas, que se debe posibilitar que el nuevo liderato entre a la vida política y participe activamente de ella,  que se debe evitar la violencia y silenciar los elementos que la emulsionan, que se debe establecer una pedagogía de la concordia en la que desaparezcan los odios del pasado y se alimente el ánimo de alcanzar una convivencia llena de posibilidades. 

Hubo un cerrado aplauso al final. Quizás queda anhelar que todo el esfuerzo intelectual de Suárez Illana por explicar el éxito acontecido en la España de la transición haya sembrado una semilla en la excelsa audiencia que lo aplaudió.

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