¿Es posible asegurar daños causados por la IA?

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Por E. del Pozo

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Munich Re, la mayor reaseguradora del mundo, y la británica Beazley, adquirida por Zurich, dominan los seguros tecnológicos. Otras entidades son reticentes a cubrir estos riesgos.

¿Pueden las aseguradoras responder por los errores y daños causados por las grandes tecnológicas como Anthropic, OpenAI, Meta, Google o X y por la IA en general ?

La pregunta cobra especial relevancia después de que Jacob Coxon, exinvestigador de Anthropic, dijera que «quienes construyen la IA creen que podría matarnos a todos antes de que acabe la década».

Previamente, se conoció que Claude Mythos, -IA de Anthropic-, OpenAI y Meta accedieron por separado a Internet y realizaron acciones no autorizadas, lo que llevó a las entidades a reevaluar el peligro de que los modelos avanzados puedan perseguir objetivos de una forma que sus creadores no habían previsto. Esto ha multiplicado por diez el riesgo cibernético mundial, según Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan.

Australia acaba de sufrir el primer ataque de la inteligencia artificial contra un Gobierno a través de un agente de OpenAI que estaba realizando una investigación sobre el gasto público en salud: encontró una vía para eludir las medidas de seguridad y accedió a datos no públicos.

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Con este inquietante horizonte, la posición de las aseguradoras internacionales varía a la hora de cubrir a la IA.

Entre las que tienen más apetito por los riesgos tecnológicos se posiciona la alemana Munich Re – la mayor reaseguradora del mundo, con una capitalización de 66.000 millones- y la aseguradora británica Beazley, que acaba de ser adquirida por Zurich Insurance, ya presente en esta actividad.

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«Si el cibercrimen fuera un país, sería la tercera economía del mundo, tras EEUU y China, con un coste previsto de 14 billones de dólares en 2028», según Munich Re.

«La mayor parte de estos riesgos sigue sin estar asegurada pese a ser asegurables. Como señala nuestra encuesta sobre riesgos cibernéticos y seguros 2026, casi 9 de cada 10 altos directivos creen que su empresa no está adecuadamente protegida contra los ataques. Es una llamada a las aseguradoras para que intensifiquen sus esfuerzos», afirma Jürgen Reinhart, suscriptor cibernético de Munich Re.

El papel de la entidad alemana es asegurar a las aseguradoras. Su nombre no aparece en las pólizas que contratan las empresas, pero sus condiciones determinan en buena parte los precios y las coberturas de todo el mundo.

Beazley ha alertado de que el riesgo tecnológico aumenta en los últimos meses «impulsado por el crecimiento de la IA y la exposición a eventos geopolíticos». En este entorno, la aseguradora pone el acento en «la disciplina» a la hora de asegurar riesgos y «la adecuación» de los precios, que «se han estabilizado ahora tras años de descensos», según Alberto Trojsi, regional manager cyber para el sur de Europa de Beazley. La compañía pone también un foco «incansable y vital» en las medidas de seguridad que deben tomar las empresas aseguradas.

Esto no es óbice para que Beazley haya ampliado recientemente su oferta con productos que aumentan la cobertura ante los riesgos de la IA.

Gigantes como las estadounidenses AIG, Chubb y Berkshire Hathaway; la alemana Allianz Commercial; la francesa AXA XL, y la australiana QBE, además de Hiscox, con sede en Bermudas, aseguran también los riesgos ligados a la IA. Cerca de treinta aseguradoras internacionales ofrecen en mayor o menor medida esta protección.

El mercado británico del Lloyd’s ocupa una posición relevante con la cobertura de sus sindicatos, que en muchas ocasiones pertenecen a grandes aseguradoras.

Pero no todas las entidades ven claro su papel ante el riesgo concreto de la IA, que alcanzará 4.700 millones de dólares en primas en 2032, según estimaciones de Deloitte.

Marsh, Aon, Willis, Gallagher y Howden son las principales corredurías que intermedian este negocio.

Ante la incertidumbre reinante, varias aseguradoras han solicitado a los reguladores estadounidenses la aprobación de exclusiones en sus pólizas. Tratan así de evitar ser arrastradas por riesgos que, en algunos casos, ni se conocen. «La falta de experiencia histórica hace muy difícil estimar la frecuencia y el coste de los siniestros vinculados a la IA y, por tanto, fijar una prima adecuada. Pero el problema no es solo de datos. También hay que delimitar qué se cubre, quién responde y cómo se demuestra que el daño fue causado por el sistema de IA», apunta Jesús Sánchez Pacheco, socio de FS Consulting de KPMG en España.

Es el patrón que siguió el seguro en la cobertura a satélites, tras los atentados del 11-S en EEUU -cuyas pérdidas aseguradas superaron los 40.000 millones de dólares- o en los primeros compases del riesgo cibernético, que ahora agudiza con la IA.

Al menos una veintena de grandes aseguradoras internacionales han solicitado exclusiones en EEUU. Entre ellas, AIG, Great American y Berkley. Todas deben decidir si aplican estas limitaciones tras recibir la autorización.

Las exclusiones solicitadas varían en función de cada caso pero, por ejemplo, casi siempre incluyen las aplicaciones de salud mental y de diagnóstico médico. Los actos dolosos quedan fuera, y los sectores altamente regulados como el financiero, implican requisitos adicionales de documentación y recargos, en lugar de su exclusión total.

En Aon ven difícil encontrar cobertura para riesgo sistémico o agregado por un fallo que afecte a miles de clientes, que podría superar la capacidad del mercado, y que no es descartable a la vista de la larga lista de demandas contra las tecnológicas y la IA, que no deja de crecer. Anthropic ha anunciado que pagará con sus propios fondos los 1.500 millones de dólares acordados para cerrar la demanda colectiva de varios autores que le acusaron de robar sus obras para entrenar sus modelos de IA (ver información adjunta).

El temor a los litigios, que se cuentan por centenares, se ha acentuado tras el incidente de los modelos de Anthropic, OpenAI y Meta.

Pero el mercado no es homogéneo y hay mucha casuística. Las exclusiones conviven con lo que en el sector denominan endoso que «son coberturas que no van incluidas en la póliza, pero que se pueden añadir a petición del cliente», explican en AXA XL.

La mayoría de las aseguradoras no tiene una cobertura específica para la IA y se reparten en modalidades como ciber; D&O, que cubre la responsabilidad civil de los altos cargos, y E&O, que protege por errores y omisiones.

Principales reclamaciones e incidentes que se producen en el mundo de las grandes tecnológicas y de la inteligencia artificial

Varias corporaciones, los consumidores, como suscriptores de pago, presentaron una demanda en septiembre ante el Tribunal de Distrito Norte de California contra Anthropic, OpenAI, SpaceXAI y Google por un supuesto pacto para frenar la IA. Alegan que es un acuerdo ilegal entre rivales que reduce el valor de la suscripción.

Anthropic | Ha llegado a un acuerdo para pagar 1.500 millones de dólares por la demanda colectiva de varios autores que le acusaban de robar sus obras para entrenar sus modelos de IA. Sony Music y Warner Chappell han demandado este verano a Anthropic y a Dario Amodei y Benjamin Mann personalmente, ante un tribunal federal de California por supuestamente hacer un uso indebido de su música protegida por derechos de autor para entrenar sus modelos de IA Claude. Alegan que Anthropic pirateó cientos de letras de canciones y partituras de The Beatles, Taylor Swift, Michael Jackson y otros artistas para entrenar a Claude a responder a indicaciones humanas. El grupo de editoriales musicales liderado por Concord Music Group y Universal Music Group (UMG) reclama 3.000 millones de dólares. Afirma que la compañía descargó ilegalmente más de 20.000 canciones protegidas por derechos de autor, incluyendo partituras, letras de canciones y composiciones musicales. Afronta otra demanda colectiva puesta en junio pasado por Karl Kahn en California del norte. La demanda señala que la oferta de suscripciones a Claude induce a error a los clientes haciéndoles creer que su nivel de precio más alto ofrece también un servicio mayor, aunque, en su opinión, esto no ocurre.

OpenAI | Los padres de Adam Raine, de 16 años, demandaron a OpenAI y a su CEO, Sam Altman, alegando que ChatGPT contribuyó al suicidio de su hijo, incluso aconsejándole sobre métodos y ofreciéndose a escribir el primer borrador de su nota de suicidio. Afirman que en poco más de seis meses que utilizó ChatGPT, el bot se «posicionó» como «el único confidente que entendía a Adam, desplazando activamente sus relaciones en la vida real con familiares, amigos y seres queridos», afirma la denuncia, presentada en 2025 en el tribunal superior de California. La empresa está siendo demandada por infracción de derechos de autor de ‘The New York Times’ y varios autores que sostienen que su contenido se utilizó para entrenar modelos sin su consentimiento.

Google | Wolf River Electric, una empresa de energía solar, demandó a Google en EEUU por difamación y solicitó al menos 110 millones de dólares por daños y perjuicios, tras alegar que su función resumen IA afirmaba falsamente que estaba siendo demandada por el fiscal general de Minesota. Disney, Universal y Warner Bros reclaman a Midjourney por derechos de autor relacionados con la generación de imagenes.

Otros casos | En 2024 un tribunal ordenó a Air Canadá que respetara un descuento que había calculado por error su chatbot de atención al cliente. La empresa de ingeniería británica Arup perdió unos 25 millones de dólares en 2024 por una videollamada fraudulenta para suplantar la la identidad de varios directivos. Un empleado en Hong Kong fue persuadido para transferir fondos a cuentas controladas por los estafadores. La ciudad de Nueva York presentó a finales de 2025 una demanda federal contra Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat, Google y YouTube, acusándolos de diseñar plataformas adictivas que fomentan la ansiedad, la depresión y la baja autoestima entre niños y adolescentes.

Tomado de Global Risks News

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